Víctor Gómez Rujas

Víctor

Mi partida.

Cosladeño, emprendedor y eterno aprendiz.

Aquí la historia de cómo he jugado mis cartas y superado pantallas a lo largo de mi vida.
Del mercadillo de mi madre a recorrer España en promociones, de una habitación con un bebé a vender una insurtech. Pantalla a pantalla, hasta saber quién soy y qué es lo que quiero de verdad.

Hoy me dedico exclusivamente a lo que aumenta mi libertad y me hace sentir bien: mi familia, volar, viajar, el tenis y ayudar a otros emprendedores a crear su propia partida.

Los inicios

Generación del Naranjito.

Nací en el Hospital La Paz de Madrid, pero al año mis padres me llevaron a Coslada. Ahí me crié. Soy de los que crecieron en la calle jugando a las chapas, las canicas, el ping-pong, el fútbol y algún que otro tiragüitos. Aunque también cayeron unas cuantas partidas al PC Fútbol cuando tocaba. Años maravillosos y una infancia feliz.

Luego llegó la adolescencia. Los calimochos y los fines de semana interminables. Una época de mucha caña donde ya se vislumbraban los claroscuros de la vida. Entre fiestas, resacas, viajes, alegrías, tristezas, amores y desamores, se me pasaba la vida más rápido de lo que me hubiera gustado.

Estudié Economía en la Rey Juan Carlos y me gustó tanto que estuve allí una buena cantidad de años. Luego me enteré de que los másteres los regalaban... pero ya era tarde.


El despertar emprendedor

Mis primeras partidas: del mercadillo a la banca y la bofetada de realidad en 2009.

Aprendí de mi primera mentora, mi madre, ayudándola en los mercadillos los fines de semana. Moví muchas cajas y cargué camiones en naves y almacenes en los veranos. Trabajé todos los sábados durante más de 8 años en una tienda de complementos de moda, y pateé España haciendo eventos y promociones. En estos trabajos descubrí cómo tratar con la gente, nada que ver con lo que enseñaban en la facultad.

Luego llegó mi fase de bancos. Pasé por Caixa y por Caja Madrid hasta que con la crisis me quedé de patitas en la calle. Un sector al que mi padre dedicó la vida y con el que yo acabé enfrentado por diferentes experiencias personales y profesionales. Decir que son un poco piratas es quedarse corto.

Con la carrera terminada y tras unos meses en Edimburgo, la vida me dio un duro golpe. Mi tía Tere, que era como mi segunda madre, falleció. Esto precipitó mi vuelta y me hizo chocar de bruces con la dura realidad de la España de 2009.

Empecé a trabajar en Línea Directa, mi primer contacto con el mundo de los seguros. En la entrevista me soltaron una frase que me partió el pecho, y no porque fuera mentira: "¿Cómo un licenciado en Economía como tú quiere trabajar aquí con el teléfono?"

La respuesta que me guardé para que me dieran el puesto fue: "Porque no encuentro otra cosa, hija del águila."

Una vez allí dentro, me saqué el título de corredor de seguros. Como no tenía experiencia, encontré trabajo en una correduría donde descubrí que se me daba genial vender, el potencial de la venta digital y los seguros de vida. Así es como nació la idea, así nació Traetupóliza.


2014 — 2025

Once años de pico y pala. Un exit.

Monté Traetupóliza junto a mi mejor amigo. Empezamos en una habitación minúscula en Alcorcón en la que solo cabían dos mesas. En la misma casa, mi hijo de un año recién cumplido.

Aprendimos por la fuerza: marketing digital, ventas, finanzas, gestión de siniestros. Las primeras 1.000 pólizas las vendimos nosotros dos. De una en una y por teléfono. Durante los primeros dos años y medio estuvimos sin cobrar un solo euro. Se dice pronto, pero de recordarlo aún se me hace un nudo en el estómago.

Con esas cartas, quemando todos nuestros ahorros y pidiendo préstamos — incluido uno a la madre de mi socio, a la que aprovecho para volver a darle las gracias — salimos a competir contra bancos, aseguradoras y grandes comparadores. En uno de los sectores más saturados y menos sexys que existen. Todavía recuerdo a los comerciales a los que llamábamos al principio. Les faltaba reírse en nuestra cara.

Pero pico y pala, día a día, levantamos la correduría desde el barro. A partir de 2020 la convertimos en una insurtech de referencia en seguros de vida. Los números callaron las risas: 28 empleados, 11 business angels, Seedrocket y Lanzadera, más de 3.200 clientes con un 4,9/5 en Google.

Después vino la etapa dura. Tuvimos que mover la empresa hacia la rentabilidad: despedir gente, reducir, volver a las cuentas de la abuela. Salvamos la empresa, pero con ese giro se fue buena parte de mi ilusión. Teníamos un negocio rentable. Pero ya no aspirábamos a cambiar nada. Y eso apaga la mecha.

Hablamos con varios potenciales compradores que no llegaron a convencernos. Seguimos remando. Y cuando ya parecía algo muy lejano, apareció el comprador adecuado.

En 2025 cerramos el círculo con una venta de la que estoy profundamente orgulloso. ¿Por qué vender si todo iba bien? Porque el cuerpo y el alma me pedían otra cosa. Habíamos cumplido el objetivo. Y tocaba comprar lo único que de verdad importa: la libertad para elegir la siguiente jugada.

No fue un camino recto ni de flores, pero tan gratificante que no se me ocurre otra forma de vivir libremente que no sea emprendiendo.


Ahora

Construyendo la siguiente jugada.

Once años en las trincheras me enseñaron más de lo que cualquier máster hubiera podido. A vender, a construir equipos, a levantar inversión, a gestionar crisis, a despedir gente que quieres, a negociar una salida. Y sobre todo: a saber cuándo una partida ha terminado y toca abrir una nueva.

Esa es la que estoy jugando ahora.

Mi nuevo tablero es construir activos digitales que generen sin depender de mi tiempo. Porque lo que compré con el exit no fue tranquilidad económica — fue la libertad de elegir cómo, dónde y con quién vivo cada día.

Hoy eso significa ser padre presente, acompañar a mi pareja, sacarme la licencia de piloto PPL-A, viajar cuando me apetece y jugar al tenis cuando la clavícula — rota en Tailandia en noviembre — me deja. Running por temporadas. Una vez hice una media maratón — ojo cuidaó.

Estoy inmerso en un proceso interno bastante potente que no sé dónde me llevará, pero que recomiendo a cualquiera que no se conforme con la felicidad de temporada.

Si has llegado hasta aquí es porque probablemente ya sabes construir negocios. Pero quizás todavía estás definiendo la vida que quieres tener mientras los construyes.

De eso va esto. Te espero dentro.

Empezar mi partida.

No te apuntes sin saber que trataré de venderte mi conocimiento para que tú también mejores tu partida.